En todo el mundo, millones de jóvenes encaran la vida con sueños, ilusiones y aspiraciones. Sin embargo, en su transición hacia la vida adulta, los jóvenes se encuentran con barreras que les obstaculizan su entrada al mundo del trabajo.

Según las estimaciones mundiales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) del año 2016[1], 71 millones de jóvenes, con edades entre 15 y 24 años, están desempleados y 156 millones de trabajadores jóvenes viven y trabajan en la pobreza. Al mismo tiempo que se reavivan las preocupaciones sobre el crecimiento económico mundial, el desempleo entre los jóvenes aumenta, particularmente en algunos países emergentes. La generación de más y mejores puestos de trabajo para los jóvenes es un desafío global y una de las principales prioridades de política pública.

En los últimos años, el análisis de trayectorias laborales ha resaltado la importancia que tienen las primeras experiencias laborales a lo largo de la trayectoria laboral de las personas. Una buena inserción laboral inicial redunda en empleos de mejor calidad en el futuro.

El trabajo infantil, el abandono escolar prematuro, la inserción laboral temprana y precaria, y la falta de calificaciones y oportunidades para insertarse en puestos de trabajo de calidad inciden en las trayectorias de transición de los jóvenes. Asimismo, las disparidades de género refuerzan las desigualdades durante la transición hacia la vida adulta.

Es prioritario armonizar y mejorar la coherencia de las políticas y los programas centrados en la lucha contra el trabajo infantil y el deficit de trabajo decente para los jovenes.[2] Generar iniciativas que promuevan trayectorias de trabajo decente para todos los jóvenes del mundo precisa del esfuerzo articulado de los gobiernos, los empleadores, los trabajadores y otros actores clave. (Ver más)[3]


[2] http://www.ilo.org/ipec/Informationresources/WCMS_372648/lang--es/index.htm

[3] http://ilo.org/global/topics/youth-employment/lang--es/index.htm